Hace unos días tuve una reunión donde se debatía si el contenido orgánico que hacemos para redes sociales "gustaba" o no.

Y esa simple frase me dejó pensando.

"No me gusta."

Dos palabras que suenan inofensivas pero que pueden desviar por completo una estrategia.

Porque aquí está el problema: cuando alguien que no vive el marketing como disciplina opina sobre el contenido, tiende a evaluarlo desde el gusto personal. Y el gusto personal no es una métrica.

Nosotros no generamos contenido para los colaboradores ni para los dueños. Generamos contenido para las personas que nos van a comprar. Para esos leads —dicho en lo más frío de la palabra— con quienes queremos construir comunidad.

Lo que realmente importa no es si el contenido le gusta al equipo interno. Lo que importa es lo que piensa el público cuando lo ve. Si le llama la atención. Si lo incita a pedir información. Si lo mueve a hacer algo.

Algo que he aprendido en este recorrido que vengo haciendo en marketing: si no probamos, no avanzamos.

A veces las derrotas enseñan más que los aciertos. A veces un contenido que "no gustó" internamente es el que mejor rendimiento tuvo. Y la mejor manera de demostrarlo es con datos: qué pieza generó más engagement, cuál trajo más consultas, cuál convirtió más. Ahí se acaba la discusión del gusto.

Ese tipo de comentarios pueden hacerte perder el foco si los dejas. Pero cuando respondes con fundamento, con números, con resultados, la conversación cambia.

Qué difícil es luchar contra eso en el día a día.

Pero qué gratificante es saber que las cosas se hacen con fundamento y no por gustos.